Mejora de la comunicación

 

Existen muchas formas de mejorar las comunicaciones Las ideas deben estar claras antes de intentar comunicarlas. ¿Cuál es el objetivo del mensaje? ¿Pretende buscar información, informar, persuadir o iniciar la acción? Para formular un mensaje se debe recoger la información necesaria y consultarlo en los casos apropiados. La consideración de los objetivos y las actitudes de los receptores ayuda al emisor en la transmisión de algo útil o de valor para los receptores. También debe determinarse el modo de comunicación: mensajes escritos, orales o a través de gestos. 



El contacto cara a cara conlleva una conducta no verbal que aclara el intento y permite la retroalimentación para validar la comprensión del mensaje. La retroalimentación a través del intercambio mutuo disminuye la probabilidad de mal entendimiento. Un clima que permita a las personas decir lo que piensan facilita la retroalimentación.

Las comunicaciones deben estar bien organizadas y expresadas en palabras simples, con un estilo claro y con frases lo más cortas posible

La escucha activa conlleva no hablar mientras se intenta comprender la actitud y los sentimientos del orador. Se debe escuchar la historia completa, hablar lo menos posible y evitar las preguntas capciosas, la discusión y dar consejos. La atención se indica mediante comentarios como «sí», «oh» y «continúe»; reafirmación (repetir lo que se ha dicho); parafraseo (expresar lo que se ha dicho con palabras diferentes); aclaración (preguntar al orador lo que quiere decir); reflexión (en respuesta a los sentimientos comunicados), y resumen (revisión de los puntos principales expuestos). Si habla poco, el receptor se puede concentrar en la escucha, en lugar de en lo que va a decir a continuación (Ellis y Hartley, 2004).

Las comunicaciones escritas suelen tener la ventaja de una formulación más cuidada, en comparación con las comunicaciones orales. También pueden ahorrar tiempo y dinero, y se pueden conservar como registros legales y fuentes de consulta. Antes de escribir se debe considerar primero el objetivo de la comunicación. Para conseguir un mensaje planificado y organizado, el redactor desarrolla pensamientos lógicos, proporciona pruebas para respaldar lo expuesto y selecciona cuidadosamente las palabras. El escritor debe preguntarse a sí mismo si la comunicación responde a las preguntas de a quién, qué, cuándo, dónde y por qué, y debe evaluar el tono del documento. Puesto que escribir no es fácil, quizá convenga redactar un borrador y corregirlo.

El dictado es una forma de comunicación valiosa. Puede requerir más esfuerzo al principio, pero pronto se hace más fácil que la escritura propia. Para dictar se debe considerar también el objetivo de la comunicación, y planificar y organizar los comentarios. El dictado se comienza con una indicación de quién dicta, qué se dicta (carta o memorando), el tema, el tipo de papel para la trascripción (con membrete o en bloc de notas) y el número de copias necesarias. Se debe especificar el formato (encabezamiento, doble espacio, tabla, nuevo párrafo), la puntuación (mayúscula, guión, coma, punto y coma, signo de interrogación, letra cursiva) y la ortografía de las palabras inusuales o no familiares. Durante el dictado, se proporcionan instrucciones coloquiales.

El protocolo para hablar por teléfono tiene en cuenta las necesidades del emisor y del receptor. Se debe responder al teléfono con rapidez y simpatía, mientras se sonríe, y hablar con claridad para identificar el servicio, la unidad y la persona que responde. Se debe escuchar con amabilidad, aclarar el objetivo de la llamada telefónica, determinar quién es el interlocutor apropiado y hacer preguntas para verificar el mensaje.

Escuchar es un proceso activo que requiere atención consciente; es crucial para la buena comunicación. La confianza constituye un requisito previo, puesto que las personas no compartirán sentimientos con aquellos en los que no confían. El orador debe estar convencido de que las revelaciones se mantendrán confidenciales, de que los sentimientos serán respetados y no juzgados, y de que la información será utilizada de forma apropiada y no se empleará contra el orador. Una vez establecida la confianza, es necesario escuchar de forma comprensiva. Las personas piensan con más rapidez que hablan. En consecuencia, cuando escuchamos hablar a otra persona tenemos tiempo de pensar, un tiempo que, con frecuencia, se desaprovecha. Por el contrario, si uno se concentra en lo que le están diciendo, tiene menos tiempo para pensamientos irrelevantes.





Faan, M. A. T. P. R. (2009, 29 octubre). Cap 1. Comunicaciones. En Guía de gestión y dirección de enfermería (pp. 3-31) (8.a ed.). Elsevier.


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